Gran Hermano y el límite ético del entretenimiento


He leído el anuncio de una nueva edición de Gran Hermano. Más allá de su éxito, preocupa que estos formatos se apoyen en la necesidad económica de los participantes y en el morbo del público.


Que exista un contrato no elimina el debate ético: cuando el premio representa una salida económica significativa, el consentimiento difícilmente sea plenamente libre. Si un encierro prolongado de estas características se realizara con animales, probablemente sería cuestionado y no permitido. ¿Por qué naturalizarlo cuando se trata de personas?


No es un planteo de censura, sino de responsabilidad y reflexión sobre el tipo de entretenimiento que promovemos.


Juan Chapar



DNI 4537604