LN 14/4/2026
Trabajar en blanco es MUY caro; creció al 43%
En la Argentina
solemos discutir el trabajo en negro como si fuera un problema moral,
cultural o de falta de controles. No lo es.
Es, antes que nada,
un problema matemático.
Hoy, poner un trabajador en blanco cuesta entre 55 y 65 % más que el salario que recibe en el bolsillo. Para una gran empresa tal vez sea absorbible. Para una pyme, un comercio o un cuentapropista, es directamente imposible. El resultado está a la vista: más del 43 % del empleo es informal.
No es que millones de argentinos no quieran estar en regla. Es que el sistema los expulsa.
Frente a este diagnóstico, Argentina ya intentó varias veces “reformas laborales”. Casi todas tuvieron algo en común: no tocaron el costo del trabajo. Se limitaron a bajar multas, ofrecer blanqueos temporarios o condonar deudas. El mensaje implícito fue siempre el mismo: seguir en negro no es tan grave, después se arregla.
Los resultados
fueron previsibles.
Cada blanqueo incorporó muy
poca gente, por poco tiempo, y la
informalidad volvió rápidamente a su nivel estructural.
Rebajar multas no cambia una ecuación
que sigue siendo inviable.
El Estado, mientras tanto, queda atrapado en el peor de los mundos: no recauda aportes, pero igual financia hospitales, planes y jubilaciones mínimas con impuestos generales y déficit. Todos pierden.
La discusión
debería ser otra:
¿preferimos pocos
aportantes perfectos o muchos
aportantes posibles?
Una salida pragmática sería crear un régimen de trabajo formal básico, con un costo total cercano al 30 %, no al 60 % actual. Por ejemplo:
10 % para una cobertura de salud básica universal (PAMI u otro sistema único),
20 % para financiar una jubilación mínima garantizada.
No es el sistema ideal. Pero es un sistema posible.
Supongamos
números realistas, no optimistas.
Si se logra formalizar
solo la mitad del trabajo en negro,
unas 4 millones de personas,
con un salario promedio de 400 dólares
mensuales, el aporte sería de
unos 120 dólares por trabajador
(el 30 %).
El resultado es simple:
4 millones × USD 120 = USD 480 millones por mes
Eso equivale a casi USD 5.800 millones por año
Dinero que hoy es cero.
Algunos dirán que con esto “se pierden derechos”. La realidad es que el trabajo informal no tiene ninguno. Un régimen básico no quita derechos: los crea por primera vez para millones de personas que hoy no tienen jubilación, obra social ni protección alguna.
La clave es acompañar con incentivos claros:
transporte público subsidiado asociado a registración,
prioridad plena en salud para quienes aportan,
acceso a créditos, alquileres y trámites solo con CUIL activo.
No se trata de castigar, sino de ordenar.
Brasil formalizó a más de 15 millones de trabajadores reduciendo drásticamente el costo de entrada al sistema. Uruguay bajó su informalidad con esquemas simples y previsibles. Argentina, en cambio, insiste en reformas que solo maquillan el problema.
Mientras el
empleo formal siga siendo un lujo, el trabajo en negro seguirá
siendo la norma.
La pregunta no es ideológica. Es
práctica:
¿Queremos un sistema perfecto que no funciona o uno posible que funcione?
El Gobierno actual tiene que dar esta pelea y no ir tratando de ganar aliados para una reforma laboral que no servirá para nada como tantas otras.
Juan Chapar
DNI 4537604