Luisa
Nos encontramos en el bar de Doblas y Rivadavia. No te podes equivocar, viniendo por Rivadavia esta a la izquierda: enfrente de la plaza.
Lo vi dos cuadras antes y apuré el paso. Al entrar miré a la derecha y me encontré con su mirada que me llegaba a través de sus anteojos sin marco. A mi beso de saludo me respondió ruborizada que me sentara y que no hiciera papelones, ¿o acaso no sabes que vivo a dos cuadras y el colegio está a la vuelta?
Cuando empezó a contarme de sus disgustos del día, empezando por las dos chicas que llegaron 15 minutos tarde, la que se puso a masticar un chicle y la de la pollera corta, estiré una rodilla hasta tocarle pierna izquierda y le dije bajando la voz y ¿nosotros gatita salvaje?
Sin mucho convencimiento empezó una perorata diciendo de que como era posible que no nos pudiéramos encontrar simplemente para conversar y tomar un café. Como era que siempre terminamos en lo mismo. O acaso el Martes pasado no fue lo mismo? y en Abril, a ver, decime alguna vez que no haya sido como yo te digo? ¿No es todo esto una prueba clara que a mí me querés para una sola cosa?
Su camisa blanca bajaba y subía ante mis ojos en forma acelerada siguiendo el ritmo creciente de su discurso.
Bueno – asentí- reconocé que no es para una sola cosa.
Está bien – dijo- cuanto necesitas.
Juan Chapar
Bs.As. 22 Febrero 2006