El centro del coloso

ignora el río.

Dos hijos adoran el río.

Desde sus verdes quintas

San Isidro lo admira.

La Boca lo vive,

se nutre con él.

El mercurio con su lúgubre luz

cae sobre el pesado hormigón.

La luna se refleja en el río

y expande el espíritu en la noche.

Febrero Pinamar