Mi vida es tan corta
y tan largo el infinito.
Quisiera “dejar” en este torbellino.
Dejar:
una flor
de eterno florecer,
un rumor
de eterno sollozar.
Que el palpitar de mi corazón,
con ecos infinitos,
fuera por los siglos
en eterno devenir.
El mar murmura
y su murmullo
apagará mi voz
y más tarde mis versos.
Dejar:
un fuego
que el mar jamás apagará.
Que el palpitar de mi corazón,
con ecos infinitos
fuera por los siglos
en eterno devenir.
6-V-64