En tus ojos
hay reflejos de celeste lejanía
y dulzura de mieles pasadas.
En tus ojos
hay lágrimas tuyas y mías
y cuando caen solo son mías.
Tus labios
son los que son sol.
A veces son sombras,
a veces son lágrimas.
Tus manos
son el sol más allá
y son un hoy
que quisiera ser siempre.
Tu amor
que es la vida y la mía
que es el “yo”
que quisiera ser siempre.
Tu amor
quisiera que fuese
un hoy “siempre”.
Un “siempre”
que fuese más soles de ayer
y más ecos que están en los siglos
juntos con las noches
que buscan a Dios
y con los días
que buscan a tu amor.
28-VIII-1964 Buenos Aires