La Cabellera del sol

con mis manos de gigante,

de hierro ennegrecido,

acariciarla...


Las llanuras

se extienden con límite

y los soles se apagan

idénticos.


Los labios se abren besando

y las caras siempre iguales

con ese miedo, con ese abandono

con esa posesión desorbitada.


Los labios del infinito

nunca me quisieron besar.

Mi boca sangró

en los labios de piedra.

Mi boca se hizo inútil

en el infinito que se escapa

y me niega.

8-V-65